La huida (parte II)

Elea se despertó de golpe de la cama, cogiéndose las rodillas.Se llevó una mano al pelo, pensativa. Ese sueño se repetía una y otra vez desde que tenía 16 años, y ahora tenía 26. Posó sus pies sobre el frío suelo y echó andar hacia la ventana.La luna se asomaba entre árboles, haciendo que sus reflejos le dieran en la cara. Cerró los ojos, y suspiró. ¿Cuándo pararía esa pesadilla? Apoyó las manos sobre la mesa de madera que había debajo de la ventana. Dibujó, con el dedo, un círculo, mientras paseaba la mirada por la habitación.Volvió hacia la cama, todavía podía seguir durmiendo. Metió primero un pie entre las sábanas mientras que el otro tocaba el suelo. Justo cuando ya iba hacer lo mismo con el otro pie, rozó algo más frío. En un principio pensó que era imaginaciones suyas y se envolvió con la manta. Pero, en cuestión de segundos, se asomó desde la cama. Ahí, en el suelo, había una piedra totalmente ensangrentada. Y a su lado, unos zapatos.Sus zapatos.

La huida (parte I)

Bajó las escaleras de dos en dos lo más rápido que pudo. Miró hacia atrás, nada. La oscuridad se cernía sobre la escalera de la torre. Sin tiempo para pensar, Elea siguió bajando, no tenía tiempo, había que salir de allí cuanto antes. Sus pies doloridos reflejaban todo el camino que llevaba corriendo. Se paró al llegar a un tramo y se quitó los zapatos. Oyó un grito. Los tiró por la ventana y siguió bajando, parecía que esa torre era interminable, pero no importaba, tenía que salir, podía conseguirlo. Ya cuando le parecía ver algo de luz por la rendija de la puerta algo la atacó por detrás, haciéndole rodar. Sin perder la conciencia, se arrastró hasta la puerta, solo necesitaba un empujón y ya estaría a salvo. Ya casi podía sentir la madera bajo la yema de sus dedos. Solo un poquito más… De repente, se oyó un golpe seco y Elea cayó, inconsciente, al frío suelo.